Personal Running

El UTMB contado por un mortal, Manolo Gutierrez. Una maravillosa historia real

El origen …

Para entender esta historia habría que remontarse a varios años atrás. Las cosas se hacen por una razón y en este caso no iba a ser menos. Se puede entender como un sueño, una obsesión o ambas, pero lo que si es cierto es que es un verdadera locura.

Hay un dicho que dice que a la tercera fue la vencida. En el año 2017 una torcedura de tobillo y un accidente de tráfico dos meses antes de la carrera me hicieron replantearme la participación no quedando más remedio que retrasarlo a la edición siguiente. En el año 2018, de nuevo mi tobillo izquierdo volvió a fallar a falta de un mes y sin tiempo para retrasarlo de nuevo me presenté en Chamonix con opciones algo precarias, tanto en la preparación como en la mentalidad, algo tan importante o más para encarar este tipo de retos.

Correr la UTMB o alguna de sus carreras, aparte de lo especial que pueda ser por todo lo que significa, lo hace aún más porque el acceso no es nada fácil. No es esperar el día de las inscripciones y listo. Previamente hay que acreditar puntos que solo te dan terminar carreras inscritas al circuito ITRA. Planificarse correr, por ejemplo la CCC, la hermana pequeña del Utmb y con 101km, se debe acreditar 3 puntos en dos carreras, es decir, correr un maratón de montaña y una ultra de 60-80km, por poner un ejemplo. Una vez acreditado los puntos, además, se debe pasar por un sorteo previo al existir mucha demanda.

Correr el UTMB se puede considerar correr en la cuna de las carreras de montaña, algo así como Kona para cualquier triatleta. El tema mediático en este caso es mucho más importante que el puramente deportivo, porque evidentemente hay carreras mucho más bonitas, aunque cierto es que a nivel organizativo es de las mejores.

Hace dos años la organización del Utmb creó un circuito paralelo de carreras y que al participar y acabarlas te dan más prioridad para acceder a las carreras que se disputan en Chamonix. Te proponen correr en Argentina, en China o en Vall d’Arán y así tener más ventaja por lo que hubo un tiempo en que ya sopesé no participar.

La pandemia en este caso jugó a mi favor por la cancelación de la edición anterior y que además tenía dos sorteos anteriores desfavorables dándome acceso directo a la presente edición.

Dicha opción estaba ahí y respetaron los puntos conseguidos en el año 2018 con la TransGrancanaria y el Gran Trail del Aneto del 2019.

En el año 2015 participé en la CCC, carrera que se inicia en Courmayeur, pasa por Champex-Lac y termina en Chamonix. Un total de 101km que excepto los 7km iniciales, coincide con los últimos del Utmb. En la edición del 2018 que abandoné, lo hice en Arnouvaz (km 98), por lo que ya tenía reconocido todo el recorrido del Utmb, sin olvidarme que como aficionado a la montaña también había disfrutado del Tour del Mont Blanc, travesía de varias etapas que prácticamente copiaba el recorrido del Utmb, salvando algunas alternativas.

Tenía todos los ingredientes necesarios para cocinar una carrera que esperaba con impaciencia devorarla en todo su jugo. Este año pasaba de nuevo el tren de la UTMB y no debía dejarlo pasar.

Para el que no sepa en el consiste el UTMB es algo así como darle la vuelta al macizo del Mont Blanc por las laderas opuestas, con un total de 171km y 10000 metros de desnivel. La salida y la meta está en Chamonix, en Francia, y el recorrido transcurre además por Italia y Suiza, y con un tiempo máximo de 46horas y  media.

La preparación…

Ahora faltaba la parte donde tenemos que poner todo nuestro esfuerzo y sacrificio, la preparación. Para ello estaba en manos de @Chiquitrainer, mi entrenador y que ha sido el encargado de planificar todo el entrenamiento necesario para llegar con garantías. Siendo sincero diré que he disfrutado mucho esta parte, quizás porque estaba extra motivado y porque me encanta la montaña.

La parte específica de la preparación comenzó dos meses atrás, aunque ya durante el año se trabajo mucho en la base que se debía tener para afrontar los 171km de la carrera. Tiempo de planificación en un año raro por el Covid, sin agobiarnos de hacer carreras previas, seguir el timing perfecto de ir metiendo kilómetros de monte y de asfalto, de ir ganando fuerza en las piernas y sobre todo no llegar hartos con tanto entrenamiento…

Aunque mi relación con el Utmb comenzó en el 2014 cuando me inscribí para la CCC, el momento donde ya puse rumbo fijo a esta edición fue después de participar en el Maratón Alpino Madrileño a principio de Julio. Antes de la salida en Chamonix, completé 4 salidas largas de más de 50km, dos de ellas en mi querida sierra madrileña y otras dos en Pirineos, coincidiendo con las vacaciones.

Lo curioso de todo es que el día que comenzamos las vacaciones, mi mujer Eli y yo nos topamos con un virus, no era el Covid que ya lo pasamos en la semana antes al confinamiento, sino de otro que nos dejó bastante tocados, con vómitos, fiebre y dolor muscular. Aparecieron los fantasmas de años atrás. Hay otro dicho que dice que lo que no te mata, te hace más fuerte, y quizás este hecho me hizo plantearme las cosas de un modo más tranquilo, valorando cada día que el cuerpo respondía de forma positiva a cada entrenamiento y así recuperar la confianza que habíamos perdido.

La presión, otro factor importante a tener en cuenta. El abandono del 2018 y saber que esta edición tenía que ser la definitiva añadía un componente a cada sesión, ir con mucho cuidado, no relajarse,  tener el cuerpo con todos los indicativos posibles en alertas, cuidar bien las piernas (he estado dos meses con las compresivas….), alimentarse bien y sobre todo, hidratarse constantemente. Te vuelves muy obsesivo con estas cosas, aunque quería aparentar que no lo fuera. No deja de ser una carrera, no es peligro de muerte ni mucho menos…. Pero que cojones!, a veces pensamos que nos va la vida con todo esto… Por ello, durante las vacaciones nos dedicamos a realizar otras actividades “relajantes”, como descenso de barrancos o escalar.. Con algún paseíto en bici, subiendo puertos…. Lo normal para estar relajado…

Los nervios …

La carrera comienza con la entrega del dorsal, que fui a recogerlo el día antes de la carrera y en el horario establecido por la organización para los corredores del UTMB. Al ser una semana repleta de carreras, se organiza de tal forma que nunca hay dos carreras a la vez disputándose, o que al menos los horarios están preparados para que solo unos corredores de una misma carrera vayan llegando a la meta. Todo esto a excepción de la PTL que está durante toda la semana disputándose.

La tarde antes a la salida ya toca preparar todo lo necesario. Es el turno de la ropa y la organizo por zonas: la salida, el control en Les Contamines, la bolsa de vida en Courmayeur y la última parte que incluye los tres últimos avituallamientos: Champex-Lac, Trient y Vallorcine. En estos cinco puntos puedo tener asistencia del soporte así que mejor tenerlo preparado, intentando visualizar la carrera para que no falte de nada en los diferentes escenarios en donde nos podemos encontrar.

Estamos en el día de la prueba, y como hemos estado haciendo durante todas las vacaciones, no cambio en nada el desayuno. Nada de improvisar. A continuación termino de hacer lo mismo que el día anterior con las bolsas, pero ahora con la comida. Una vez que está todo listo intento dormir un poco antes de comer, que es imposible porque ya estás en modo nervios y se hace complicado pero es importante estar tumbado, con las piernas en alto y sobre todo tener los ojos cerrados. Durante la carrera vendrá el sueño, pero también se irá, y lo peor es el cansancio de los ojos, así que, aunque no pueda dormir, todo descanso que le pueda dar a la vista, mucho mejor.

Antes de marchar a Chamonix, como último preparativo y después de estar vestido de romano, me protejo los dedos con esparadrapos. No quiero ningún contratiempo a modo de ampollas ni rozaduras. Cierto es que las zapatillas con las que iba a correr las llevo bien probadas y entrenadas durante todo el año pero llevo dos modelos relativamente nuevos y nunca está de más ser precavido.

La salida se había organizado en tres cajones, a las 17h, a las 17h30 y 18h. Por posición en carreras anteriores a mi me había tocado el segundo cajón. Se debía estar allí casi dos horas antes, para dejar la bolsa de vida de Courmayeur y meterse en el cajón que te llevaría poco a poco a la salida. Este año no hubo control exhaustivo de material en la entrega del dorsal, así que había voluntarios de la organización que iban acercándose a los corredores para pedirles el material.

Yo fui directamente a él, te marcan en el dorsal con un punto azul y así te evitas que te paren durante la carrera y te hagan perder algo de tiempo. Además, estaba aún con Eli conmigo y controla bastante mejor el francés que yo, así que gracias a que actuó de interprete pude pasar el trámite sin ningún problema.

Si hay algo que impresiona del UTMB es su salida, su arco de salida / meta, el protocolo previo que dura casi 30 minutos. Este año ha sido muy emotivo, primero porque el año pasado no se disputó, y segundo porque en la hermana mayor del Utmb, la TDS de 145km y disputada dos días antes, un corredor se precipitó en un paso complicado y falleció. Es la primera víctima que hay en el Utmb y la verdad, a veces se te olvida que correr por el monte puede ser un deporte de riesgo, hay muchos factores que pueden convertir la carrera en algo muy peligroso, pero si se añade la del tiempo con frio, lluvia, nieve… Es tremendo…

Llega el momento de comenzar a acordarte de todo el camino recorrido para llegar a este instante. De la gente que estará apoyándote desde la lejanía, de tu soporte que esta esperándote a que pases para lanzarte un beso que te sirva de escudo para la próxima vez que te vea… Es todo tan emocionante que haces todo lo posible por no llorar y así no gastar energías… pero es imposible.

Hace tres años, en el mismo sitio, miraba al cielo pidiendo clemencia, estaba lloviendo y mucho frio. Me sentía un invitado de lujo, sin mentalidad positiva, cogido con pinzas y esperando un milagro…

En esta ocasión, me sentía genial, muy motivado y dispuesto a disfrutar cada metro de la carrera. También estaba nervioso, tenia molestias en la espalda con la mochila, la bolsa de hidratación se me estaba clavando en la columna… Me quite la mochila como cincuenta veces hasta que por fin conseguí que no me molestara…. Que agobio… Luego activas el GPS, que te pille señal…. En fin…. Hasta que comienza el “Conquest of Paradise” de Vangelis… pelos como escarpias, el mejor tema para iniciar esta carrera… Me acuerdo de sus acordes y lloro… así de simple…

La carrera …

Y PUM!!, comienzas a dar pasos, cruzas el arco de salida y los pasos son cada vez más largos hasta que comienzas a correr. La gente aplaudiendo, tu ahí con media mascarilla caída y con las gafas puestas para que no te vieran llorar… es todo tan emocionante. Has deseado tanto tiempo revivir este momento, que te hace olvidar el pasado, la angustia que sentí hace tres años cuando tuve que abandonar.

Notaba una fuerza en mi interior que me hacia invencible… Reconocí a Eli en el punto donde me dijo que me esperaría para verme pasar, cerca de una heladería donde el día anterior nos estuvimos tomando un rico helado de dos bolas, con cucurucho y todo.. Un kilómetro después sales de Chamonix, te pita el GPS y piensas, bueno, pues un kilómetro menos, ya no son 170…. Tonterías de ese tipo pensaría durante la carrera…

Salí con una idea fija, ir muy tranquilo en los primeros kilómetros, eso sí, corriendo todo lo que pudiera pero sin forzar en lo más mínimo. La gente, evidentemente sale muy entera, y más de uno se intuye que va un poco pasado, pero bueno, allá ellos.  Este primer tramo, hasta Les Houches, son 8km de pista y asfalto.

Había estado entrenando días atrás por esa parte y sabia que había algunas cuestas que mejor caminar, aun sin los bastones, y sin apenas forzar.. También tenía algunas sobrecargas en los tendones de Aquiles, y la rodilla izquierda también se había quejado en alguna ocasión. Todo era no tener ningún indicio, duda o molestia de que ya comenzamos a tener problemas…. Antes del km 4, me torcí levemente el tobillo, bueno, casi ni se considera torcedura, pero ya vuelve el pasado, cuando en el km 3 si me torcí el tobillo y en ese caso si me lastró durante toda la carrera.

Son tantos detalles a tener en cuenta, que lo mejor es concentrarse en cada pisada y olvidarte del resto. Solo pensar en correr, en pisar bien, y no mirar ni hablar con nadie. Solo ir a mi “pedo”, como yo digo… Nada de hacer tonterías… correr y punto.

La llegada al pueblo de Les Houches es casi igual de emocionante que la salida, porque ya llevas un rato corriendo y llegan ánimos de todas partes: músicos tocando en plena calle, bares donde los camareros sirven cerveza a los corredores, pancartas de ánimo… Los corredores están muy enteros y emocionados y el público no hace más que animar y aunque la mayoría es francés, siempre hay algún español que te ve el dorsal y te anima como al que más.. “Vamos Manuel, que te queda poco…”, es la típica frase que me hace mucha gracia… te queda poco.. jeje… Pues, depende de para qué, no?

El primer avituallamiento, miro el reloj, kilómetro 8 y 48 minutos. Son 7 minutos menos que hace 3 años. La verdad es que se lleva poco de carrera, pero este tipo de comparaciones son muy importantes porque te dice en donde estás, en qué estado te encuentras, y más cuando sabes que la idea era ir casi silbando.

Aprovecho a sacarme los bastones de la mochila sin quitármela, algo ya entrenado y que sabía que en cualquier momento lo iba a necesitar. La salida de Les Houches coincide con el inicio de las primeras rampas, y que rampas. Ahora toca unos 5 kilómetros de subida constante, en ocasiones más empinada, pero muy constante. La idea era ir buscando sensaciones, a poder ser todas positivas, sin dolor en ningún sitio, simplemente ir avanzando, sudar un poco y ver que el cuerpo va respondiendo. También es importante no cebarse con nadie que te pasa con los palos rozando, o con el que se cruza forzándote a cambiar de trazada. Lo dicho, el principio es muy caótico y parece que en lugar de 171km, son solo 20…  Pero yo a lo mío, eso si, mirando corredores de los que voy pasando, que son muy pocos, y de otros que me van pasando … Pasado ya un tiempo, ya ves que hay algunos que vas muy parejos a ellos y te sirven de referencia, por si vas forzando o son ellos los que van pasados y van haciendo continuamente la goma.

Todos estos detalles de comienzos de carrera y siendo un poco cotilla sobre cómo actúan algunos corredores me lo da la experiencia. Parece tontería pero casi que sabes perfectamente los corredores que saben perfectamente lo que hacen y los que van como pollos sin cabeza.

Segundo control importante y primero en marcarse en el “live Utmb”, Le Delevret y km 13,8. Marcamos un tiempo de 1.56.38, posición 1256. Hace tres años, 2h02 y posición 1399. Estaba claro que íbamos bastante mejor. Importante estas referencias, porque con estos datos sabía que estaba en mi “timing” de bajar de las 40 horas, que era un poco el objetivo a nivel de tiempo, ya que el objetivo era claro, terminar y poder disfrutar lo máximo.

Comenzamos la primera bajada, al comienzo corrible y después bastante empinada y peligrosa. Pliego los bastones, sin guardarlos, y los utilizo como apoyo en las manos para mantenerme equilibrado y no venirme arriba en la bajada. Con mucho cuidado, dejando pasar a corredores, que aun siguen pasándome como aviones. La tranquilidad era en este momento mi virtud principal, sin prisas y siempre concentrado en no forzar ni retener demasiado. A mitad de la bajada me tomo un descanso, justo a la altura de una fuente, donde paro para mi primera parada técnica y beber agua. Poco a poco se va perdiendo desnivel, con tramos de asfalto por alguna de las urbanizaciones de Saint Gervais y ya comenzamos a escuchar la megafonía del segundo control y avituallamiento.

Este pueblo, al igual que el anterior, volcado con la carrera. Había música y era una fiesta en todo el tramo que discurre por el pueblo. La curva antes de entrar en el avituallamiento coincido con un grupo de españoles que me ven y nos damos ánimos mutuos. Creo que es la primera vez que sonrío durante la carrera, comienzo a disfrutar.

Estamos en el km 21,6. Llevamos 2h50 y posición 1261. Seguimos recortando tiempo a la vez anterior en 9 minutos y también en posiciones. Repito,¡que importante es esta referencia!, aunque es cierto que hace tres años en este punto sabía que tenía muy complicado acabar porque fue cuando me di cuenta que no podía correr. También se que en aquella ocasión bajé más rápido, quizás por la rabia de no poder correr bien  y que la cabeza iba como una peonza.

En este primer avituallamiento me preocupo primero de llenar los bidones-tetillas, con agua, aunque luego en uno de ellos le añado un poco de gel con sales. Ahora que la cabeza está en plenitud, es importante no dejarse ningún detalle en el aire. También pensamos en lo que  nos queda hasta el siguiente punto y que tenemos que sacarnos el frontal y ponérnoslo en la cabeza. Otro detalle a tener en cuenta en el primer avituallamiento sólido, la comida con la que nos vamos a encontrar durante la carrera. En un control rápido vemos que hay fruta (plátano), salado (fiambre y galletas) y también dulce (galletas de chocolate, bizcochos, etc). Parece que no nos faltará de nada.

Salimos del avituallamiento, no le damos tiempo al cuerpo para entrar en un confort extraño e intentamos rápidamente mantener el ritmo que llevábamos. Eso sí, Tics que tengo en este tipo de carreras, salir siempre con el vaso lleno de líquido, normalmente de Coca-Cola. De ese modo voy entrando poco a poco en la dinámica y también suelto algo de gases,  y así evitando no dejarme nada de comida en la boca que después te produzcan molestias. Lo dicho, manías!

Y llega la primera noche…

El tramo que toca ahora hasta Les Contamines lo tenía marcado como el primer momento importante de la carrera, con tramos de sube-baja, con alguna bajada empinada y con otras subidas serias con kilómetros y minutos en las piernas. Es momento de saber si estábamos en buena disposición para encarar la primera noche, con el frontal ya funcionando y ver si hay buenas sensaciones. Es un tramo muy divertido, además de que no deja relajarte, vas siempre en compañía. Hay gente que aún te pasa quitándote las pegatinas y de igual modo haces con otros corredores. Es importante tener un grupo al que seguir, o alguien que te vaya guiando y te quite algo de estrés a tanto cambio. Y cuidado con los embudos que te haga quedarte detrás y no perder minutos que no sabes muy bien donde se han ido. Hay zonas técnicas que para algún corredor se le atragantan y que suele generar muchos parones.

Este tramo estaba planificado en hora y media, y llegar a Les Contamines a las 22h de la noche. Cuando el GPS marca los 30km momento de revisar el móvil y ver como esta nuestra soporte y si está preparada para recibirnos. Hasta ese momento no me había quitado la mochila, iba tan bien que no necesite cambiar nada, incluso mantenía la gorra y las gafas de inicio de carrera.

Todo en orden, pero Eli me comenta que no había aviso de que había pasado por el punto anterior, así que hay que tener en cuenta que la aplicación de seguimiento puede llegar con retardo.

A las 22h02 llegamos a Les Contamines, posición 1142. Saludo a Eli y paso a la zona de avituallamiento. Caos total, hay poco espacio para tanto corredor de golpe y los accesos a la bebida y comida son muy estresantes, los voluntarios no dan abasto y además no puedes acceder directamente a nada sino que son los propios voluntarios los que te lo deben de dar, y tu por supuesto, con la mascarilla. Es la nueva normalidad frente al Covid. No sé, algo raro, porque ya acreditas en Green Pass, y luego estamos ciento y la madre en un espacio cerrado, en fin, tonterías de protocolo y que hay que cumplir.

Termino de llenar los bidones y comer algo. Paso a la zona donde se puede estar con el soporte. En mi caso, había preparado una mochila con cosas que podía necesitar en este punto. Algo de comida que pudiera gastar y así mantener la misma cantidad y sobre todo la ropa para la primera noche.

La mochila que llevo es una Salomon skin12, con capacidad suficiente para llevar todo el material obligatorio que demanda la organización y otras cosas más que añades por tu cuenta y que necesitas. En los bolsillos centrales y justo debajo de los bidones tengo dos secciones, una sin cremallera donde llevo las barritas (dos o tres) y otra con ella donde van los geles (dos o tres) y las pastillas de glucosa. Todo esto lo tengo a mano en cualquier instante. En los bolsillos traseros de abajo es donde llevo el vaso, el móvil en alguna ocasión y la gorra o guantes (según si es de día o de noche), el cortavientos y/o segunda capa y el pantalón impermeable. En el bolsillo central con cremallera, y en bolsitas independientes y evitando la humedad, ropa de recambio con el pantalón pirata, algo más de comida, la documentación, un mini botiquín, plato y cubierto y venda elástica obligatoria.

Estamos bien. Tenemos buena cara y lo más importante, me lo estoy pasando genial. Hace tres años en este punto me planteé abandonar porque no podía correr y además no estaba con buenas sensaciones. Me despido de Eli que no termino de verla al salir y entre que la llamo y estoy con ella otro rato más se me va un poco el tiempo. Estamos cumpliendo el plan y no es momento de agobiarse con el tiempo. Además, todo descanso viene bien si estamos comiendo y bebiendo.

Salimos con ropa de abrigo y rápidamente me doy cuenta que me sobra la mitad, así que tengo que parar al momento, no voy cómodo y no termino de dar con la configuración de no pasar frio pero no sudar demasiado. Es un tramo de falso llano hasta que se comienza a subir a La Balme.

Ya es noche cerrada, pasamos por diferentes sitios de campamentos y sigue habiendo ambiente. En un punto hay un grupo de gente que te hace la ola al pasar, me vengo arriba y corro en ese punto a la que levanto los brazos, al pasar veo que me falta el aire… Tranquilo Manolo, me digo. Ahora estoy en un punto de trotar, caminar, subir… de pasar corredores y que luego me pasen, sin un ritmo fijo. Además entre adelantar y ser adelantado estoy coincidiendo con un par de corredores que llevan los bastones muy de lado, levantados, y que en alguna ocasión casi me los clavan… Me mosqueo un poco, así que subo el ritmo para evitarlos y así un problema menos.

Llegamos a La Balme, km 40,1, que parece que está al lado una vez que ves la luz, pero se tarda en llegar. Se que me espera un caldo calentito, a mí y al resto de corredores. Se genera una cola ridícula para acceder al caldo, pero una vez que te lo tomas ves que hay gente que ya no llevan buena cara. Salgo de ahí rápido, son 6 horas y media y posición 1198. He perdido algo de ritmo y de posiciones, pero me encuentro bien, que es lo importante.

Comienza la remontada …

El tramo que toca es subida hasta los 2500 metros, al Col de BonHomme. Conozco bien la subida, se que es muy constante y que tiene algunas partes algo más técnicas, donde lo importante es mantener buen ritmo y evitar los embudos. Me pongo capa intermedia entre la térmica y el cortavientos y para arriba.

Me encanta la noche, la luz de los frontales que tienes debajo de ti y los que tienes delante, que te van avisando de lo que aún te queda por subir. Dejas de ver esas luches pensando que ya estas arriba, pero en algún giro vuelves a ver más y más luces. Es mejor no desesperarse, ser constantes con el ritmo, y sobre todo si veo un tapón utilizar mi destreza para adelantar por zonas algo más técnicas. Adelanté a un grupo donde había un par de rusos o polacos que no les entendía pero se les oía a kilómetros. El caso es que por evitar no escucharles yo seguía a un ritmo algo exigente pero no había forma. Había tanto silencio que cualquier ruido de más, molestaba y mucho.

Llegamos al collado y ahora toca llanear por zona técnica hasta la Croix de Bonhomme. Impresionante las vistas, con la luz que da la luna, la niebla y ese encanto que tiene las montañas a estas alturas. Momento de sentirse un verdadero privilegiado

Nuevo control, km 45,7, en 7h57m y posición 1075. Si en el punto anterior perdimos posiciones, ahora las ganamos. Respecto a hace tres años ocurrió lo mismo, pero en esta ocasión llevaba una hora menos.

Segundo tramo de bajada, en este caso de noche. El anterior fue la bajada a Saint Gervais con las piernas aún frescas. Ahora es una bajada menos técnica, en zetas y casi 1000 metros de desnivel negativo. Para tomarlo con mucha tranquilidad. Misma estrategia, bajar controlando y con pequeños descansos, para evitar cargar las rodillas y sobre todo la planta de los pies y así no provocarnos alguna ampolla.

Llegamos a Les Chapieux, km 50 en 8h41, y posición 1043. Seguimos adelantando a corredores. Este avituallamiento es muy peligroso porque vienes ya de unas horas durante la noche y pasando frio y el calor de dentro al menos te pide sentarte un rato y tomarte algo caliente. No lo dudo y así hago, intentando ser ágil, cargando los bidones, también la bolsa de hidratación, seguir comiendo algo y metiendo un gel de cafeína para seguir engañando al sueño, que por ahora no había dado señales de vida. El evitar la cafeína en días previos también fue parte del preparación para llegado este momento el cuerpo se mantenga en alerta.

Salimos rápidos del avituallamiento, un par de kilómetros de asfalto que los hago caminando, sin forzar, pero ritmo vivo. Me pasan varios corredores, al rato los volveré a pasar cuando comienzan las primeras rampas al Col de Seigne, que separa Francia de Italia. Antes de llegar al cruce donde se inicia la subida, sufro una pequeña torcedura en mi tobillo izquierdo. Al principio no le doy importancia, aunque el giro si es serio, no siento dolor y además no consigo plantar el pie por completo, por lo que sigo con la mente positiva y sabiendo lo que toca ahora.

Mantengo el mismo ritmo de subida, sin pararme, sin pensar que al llegar a tal curva descanso y bebo agua. Solo pienso en ir hacia arriba con la ayuda de los bastones. Me duelen bastante las lumbares y en la bajada anterior también tenía dolor en la zona abdominal. Bueno, mejor ahí en las rodillas eso pienso.

Col de la Seigne, en 11h15 y a las 4h45 de la noche. Aún no amanece y eso me hace pensar que voy muy bien de tiempo. He adelantado a casi 100 corredores y posiblemente la mayoría por salir rápido del avituallamiento de Les Chapieux, y también en la subida que iba dejando varios zombies. La sensación sigue siendo extraña, porque voy con un buen ritmo pero nadie me adelanta y pienso que es la gente que va penando porque yo en ningún momento me veo rápido, subiendo!!  

Otro detalle que me llama la atención. Hace tres años en esta subida se veía a muchos corredores en la cuneta durmiendo. Este año solo vi a un par de ellos. Es curioso porque este año no había casi corredores asiáticos, que son los que suelen tener la costumbre de echarse a la cuneta a dormir. Posiblemente por el tema de Covid les haya afectado y de ahí que a última hora entraron muchos corredores.

Ya en Italia se baja unos 200 metros y se toma una bifurcación a la izquierda donde comienza una subida que es nueva para mi, la vuelta la las Pirámides Calcáreas. Hace mucho frio, voy bien de ropa pero llevo las manos congeladas. Me pongo el gorro, el frontal y luego la capucha del cortavientos, pero sigo sin guantes. Solo la pereza que supone parar y sacarlos del bolsillo central me hace pensar que mejor pasar frio y así también mantenerme alerta. El frio en las manos lo aguanto bastante bien y no me agobio si veo que no siento las manos…

Llegamos al control de las Pirámides Calcáreas, y de nuevo bajada hasta el Lac Combal. Ahora si, es bajada completamente técnica. Adelanto a un grupo pero viendo que la piedra está muy mojada ya no me la vuelvo a jugar. El grupo siguiente tiene un tapón considerable y me espero. Soy paciente pero  estoy sufriendo. Ahora si me está entrando el agobio de que podía ir mucho más rápido pero estoy siendo frenado por un corredor. Dos o tres corredores delante de mío veo a uno con igual o más ganas de salir del atasco, así que lo utilizo de referencia.

Comienza a haber claridad de luz hasta el punto de pensar en quitarnos el frontal, pero lo aguanto como el resto de corredores. Mi compañero inquieto de delante comienza a salirse de la trazada y comienza a adelantar a corredores, yo le sigo. El adelanta, yo adelanto, él se queda atrás, yo hago lo mismo. Me indica si quiero pasar, le digo que no… No problem!, le grito. Podemos llevar 65km perfectamente y estoy estresado… que cosas…

La bajada hasta Lac Combal de las que se recuerdan. Técnica y divertida. No me dejo nada en la recamara en esta ocasión y bajo siguiendo los pasos de mi “liebre”. Llegamos al avituallamiento, se para, avanzo un poco más, le doy un toque en el hombro y le digo “Buena Bajada”, y en un perfecto castellano me dice “Gracias, pero podías haberme pasado…”. Flipo porque no me esperaba tal respuesta. El caso es que cada uno a su pedo y sin más. La verdad es que no quería hacer amistades con nadie y así mantenerme en mi carrera, con mis ritmos y sobre todo, con mi estrategia.

Segundo día de carrera…

En el Lac Combal, Km 68, 12h42 y posición 826 se puede dar por finalizado la noche, aunque aun no ha salido el sol, pero si te quitas ya el frontal. Y aunque mantenemos configuración nocturna de ropa ya sabemos que la primera noche ya está pasada.

De nuevo intentamos ser ágiles y no entrar en confort. Además este avituallamiento tiene fama de ser peligroso porque es fácil quedarse frio, no está cubierto y te sientas al aire libre con lo que implica pillar frio a lo tonto. Comemos algo de queso, salchichón, galletas saladas que me pierden y un par de vasos de caldo. Nos ponemos en marcha.

Momento de tranquilidad, de caminar, de revisar de móvil y ver como estaba el mundo exterior. Error!! Sin cobertura, así que solo revisar mensajes pasados y ver que tus seguidores han estado muy pendientes. Eli me envió un mensaje a la 1 de la mañana de que había llegado al camping. Reviso el planning y veo que estoy una hora por encima de lo planificado. De Locos!!

Seguimos con una nueva subida. No es muy larga, unos 450 metros con la luz del sol, aunque aún no nos está dando y seguimos con la sensación de frio por todo el cuerpo.

La parte del macizo del Monte Bianco, ahora que estoy en Italia me gusta más que la Francesa, es más alpina y sigue teniendo gran cantidad de glaciares. Justo en el punto en el que me encuentro esta el inicio de la subida normal, por el glaciar Miage que te lleva al refugio de Gonella. No hago más que mirar atrás y verme subir por esa gran morrera de tierra que va poco a poco ascendiendo. Algún día intentaré subir al MontBlanc y la idea es por esta parte, menos transitada y menos conocida. Me encanta la montaña y tener retos también de este tipo, pero odio la masificación, así que mientras estoy subiendo dejo que la cabeza se imagine ese momento, mucho más tranquilo y pausado de las carreras de montaña, pero igual de intenso.

Casi estamos en el siguiente punto: Arête du Mont-Fabvre, seguimos cerca de los 2500mt y sigue haciendo frio, aunque ya está dando el sol en esa parte, justo a un helicóptero que está en frente, no sé si recogiendo a alguien o no, pero el momento es sino impactante. Justo cuando llego se va el helicóptero, posición 826 y 13h58m. Aprovecho para quitarme una capa y también para incorporar la gorra y las gafas a la cabeza… Ya es momento de disfrutar un poco del solecito.

Hasta Courmayeur quedan unos 9km y ya son casi todos en bajadas, da tiempo para correr un poco, ver que seguimos siendo “rápidos” y que las piernas siguen aguantando. La idea es la misma, trotar cuando se puede y en las bajadas no dejamos caer durante mucho tiempo, tomándonos algún descanso para tampoco estresar la cabeza. Las vistas son increíbles. Este valle, como casi todos, los conozco caminando, se lo que tengo delante pero intento concentrarme en que estoy en medio de una carrera.

Llego al Col de Checrouit. Literalmente me paro y me siento, con un caldo, un poco de queso y algo de salami. Pienso en si quitarme o no el cortavientos pero aún hace bastante frio, así que aviso a Eli de mi situación y que en breve estoy en Courmayeour. Estoy tranquilo porque ella ya está allí y eso me deja concentrarme completamente en la bajada. He adelantado solo tres posiciones pero también sé que me he parado antes de este avituallamiento a una nueva parada técnica. Estamos con 14h.40 de carrera.

La bajada a Courmayeur, siempre la recuerdo como una tortura, tanto cuando realicé el Tour del MontBlanc como hace tres años. En este caso creo tener mejores piernas y eso me hace ser muy precavido. Son 4km donde se desciende 800 metros, que demuestra la verticalidad de la bajada. Adelanto y me adelantan, hay quien aún tiene piernas para jugársela. Estoy reservón y quiero entrar en Courmayeur con buena cara.

La llegada al Centro Deportivo de Courmayeur es otro de esos momentos que se recuerdan porque sabes que la primera parte de la carrera hay ido muy bien. Con aun mucha fuerza y sobre todo con la ilusión intacta me encuentro con Eli a la entrada pero no me dejan estar acompañado mientras me alimento y me cambio de ropa. Lo dejamos para después en cuando termine.

Estoy cerca de 40 minutos recuperando fuerzas. El tiempo es de 15h28m. y llego con 1h y 15minutos antes de lo planificado. Posición 816. He seguido adelantando a gente, aunque en esta parte he parado un poco mi ímpetu de querer ir rápido. Durante el cambio de ropa, también aprovecho para cambiar de zapatillas. Estaba con unas Hoka Mafate que las había estrenado dos semana antes y quería que llegaran casi nuevas y así mantener casi toda la suela. Ahora estoy con otras Hoka también Mafate pero las Speed 3. Estas zapatillas si las he dado un poco más de tralla y para la parte que le toca, deben de funcionar de maravilla.

Los pies están bien, tengo casi todos los dedos protegidos con esparadrapo y solo me quito los que tengo en los juanetes ya que poco pueden hacer.

El tobillo torcido lo veo bien, nada hinchado y eso me tranquiliza aunque me duele un poco, lo normal.

Salgo del Centro Deportivo y estoy un rato con Eli mientras reviso algunas cosas que se que no voy a utilizar. Le doy la bolsa de vida que tenía en Courmayeur. Aunque confiaba en que Eli iba a estar aquí, siempre hay que tener un plan B por si acaso ya que para que ella llegara a este punto debía cruzar el túnel de MontBlanc y es sujeto de alguna retención.

Reseteamos y nueva carrera …

A las 9h49m me marca el paso por el centro de Courmayeur. Ya me he despedido de Eli y comienza una nueva carrera. Son 16h18m en carrera. Ahora si estoy en el tiempo planificado pero habiendo parado. Comienza una nueva carrera.

En el rato que hemos parado, he adelantado 71 posiciones. Que más que adelantamiento puede ser abandonos o gente que aun necesita más tiempo de pausa. Es un punto crítico de la carrera, porque tiene una fácil retirada, si a estas alturas ya tienes problemas es mejor abandonar. Hace tres años ya sabía que no iba a terminar porque tenía el tobillo muy machacado aún así decidí estirar un poco el chicle y llegar a Arnouvaz, ya pensando en una próxima edición y así conocer la subida a Bertone, que no la conocía. En la CCC, que se sale desde Courmayeur se sube primero a la Tete de la Tronche y después se baja al Refugio. Parecerá una tontería pero conocer todo el recorrido del UTMB es una ventaja porque sabes lo que te falta, aunque también es cierto que si la memoria te juega una mala pasada puedes cagarla pero bien, como a mi me pasó más adelante.

Comenzamos la subida a Bertone. Mismo plan, subir de continuo, sin parar y a un ritmo constante. Me adelantan dos polacos, pienso si son los mismos con los que me crucé en el Col de Bonhomme porque no hace más que hablar alto. Al rato y en media subida los supero. Mi ritmo cansino es el que es, constante, diesel en todo momento.

A los pocos metros de llegar al control adelanto a un corredor con mi misma camiseta de la carrera de Trail de Peñalara. Es gracioso porque le digo, vamos a salir en la cámara como si fuéramos del mismo equipo. Nos reímos un poco y bueno, está bien socializar un poco.

Me paro en el avituallamiento, tiempo 17h41m y posición 717. Pensaba llegar y comer unas galletas con Parmesano, pero la sorpresa es cuando el voluntario, ofendido me dice que no, que es Grana Padano, le pido disculpas en perfecto italiano y asunto zanjado… Me como un par de trozos, pillo Coca-Cola y salgo del avituallamiento. No quiero confort de ningún tipo.

Nuevo tramo, como todos, con su historia. Ahora toca ir entre los dos refugios, el Refugio Bertone y el Bonatti, casi 7 km llanos, aunque más bien rompe piernas. Trato de correr en las bajadas y en los llanos, para luego”descansar”en las subidas. Sigo adelantando corredores pero menos. A estas alturas ya estamos más distanciados. Busco un sitio para parar y nueva parada técnica. Ahora sí, estoy parando continuamente para mear cuando al comienzo de la carrera tardaba entre 2h o 3h. Estoy bebiendo mucho, necesito saber que estoy hidratado. Sigo comiendo barritas y alternando algún gel de cafeína para que el cuerpo no entre en demanda de sueño, algo que de vez en cuando noto en la falta de claridad mental.

Llegados al refugio de Bonatti, no hay control pero si una fuente que aprovecho para parar y beber alguna en abundancia. Lleno los bidones y continúo. Seguimos con terreno rompe piernas rumbo a Arnouvaz. Pillo un grupo pero decido quedarme detrás y descansar un poco. Conozco a los corredores de delante que me he ido cruzando varias veces con ellos y que al descansar menos en los avituallamientos me terminan por adelantar aunque luego van un poco más despacio durante la carrera.

Llegamos al kilómetro 99 en 19h57m. Posición 658. Seguimos la progresión. Hace tres años abandoné en este punto y la historia es bien diferente. Me encuentro bien físicamente y no tengo ninguna molestia que me haga cambiar de planteamiento. Lo único que ando un pelín harto de comer barritas y solo me apetece beber. En este avituallamiento solo pillo sandía y plátano. Es lo único que me pide el cuerpo. No necesito llenar nada en los bidones porque lo he hecho en el refugio Bonatti. Eso si, para no variar vasito de coca-cola y así salimos del avituallamiento.

Ya estoy en terreno desconocido dentro del UTMB. Cierto es que el recorrido restante ya lo conozco de la CCC pero con otras piernas y recuerdos, por lo que todo lo que viene ya es sin referencias de ningún tipo.

Ahora es el momento de una nueva subida, el Grand Col Ferret, con unos 750m+. Las sensaciones siguen siendo las mismas que en las anteriores subidas, de ritmo constante y sin paradas. Sigo pasando a corredores que si llevan ya ritmos “zombis”. ¿Cuándo me tocará a mi? Eso pensaba.

En un falso llano antes de coronar compruebo mi tracking de carrera en la aplicación y veo que el tiempo estimado es a las 15.06, cuando llego a las 14.50. Sigo yendo más rápido de lo estimado, y sigo con las dudas de si voy demasiado deprisa o que simplemente me encuentro mejor de lo esperado a estas alturas. La duda es rara porque es para bien. Hemos adelantado a 87 corredores y recorridos 103km.

La carrera de mi vida …

Al llegar al Collado que separa Italia de Suiza, el viento es bastante molesto y me pongo el cortavientos para no quedarme frio en la bajada. Así también me tomo un poco de tiempo para cambiar el chip de que tenemos varios kilómetros de bajada.

Esta parte del collado es muy corrible, demasiado, por lo que intento lo venirme muy arriba y controlar en todo momento los esfuerzos. Alterno un rato bajando con otro caminando, aprovechando para beber bastante y así hasta una pequeña parada en La Peule parar de nuevo y llegar los bidones.

Este valle es larguísimo, al igual que el anterior pero más suave. Se alternan subidas y bajadas aunque la tendencia es a bajar. Le envío a Eli un audio en donde le informo de los tiempos estimados y que está siendo un día muy raro, siempre para bien, porque me sigo encontrando fenomenal.

La llegada a La Fouly es extraña porque son casi 2km de asfalto donde al principio todos los corredores estamos corriendo, pero ya nos vamos parando poco a poco. El asfalto es caca para las rodillas y yo por lo menos ya voy caminando y antes del avituallamiento voy bebiéndome los bidones para luego llenarlos de nuevo.

Kilómetro 113, posición 560 y 22h56.  Son las 16h27 y tenia planificado llegar a las 18.45. La bajada desde el Col de Ferret conté con al menos 1h45 y es casi el tiempo que he tardado por lo que los tiempos son los esperados. En las subidas es donde estoy ganado tiempo. Estoy subiendo que no me lo creo.

Descanso un poco en La Fouly, pillo algo de sólido del avituallamiento y me siento. La sorpresa me la llevo cuando me hablan en castellano, todo sorprendido!! Por fin puedo pedir las cosas a como las conozco. Decir agua y no ‘water’ o ‘eau’, que parecía que les hacia burla a los franceses con tanto eau! Eau!. No quiero entrar en demasiado confort aunque voy muy bien de tiempo. La idea de que puedo llegar a Champex de día me anima muchísimo y estoy en un estado de felicidad absoluta sabiendo que voy genial de tiempo. Ni me lo había imaginado.

Salgo del control y ahora seguimos por una zona de falso llano donde todo el mundo corre pero decido hacerlo andando. Aprovecho para ponerme un poco al día de los mensajes y aprovechar para enviar algún video y audio. Estoy disfrutando!! Tengo un mensaje de Eli que me comenta que ha perdido un autobús y que como siga corriendo tanto lo mismo no le da para llegar a Champex-Lac. La verdad es que llegado a este punto me vuelvo muy prudente y ya no regalo tanto esfuerzo.

Recibo un nuevo mensaje de Eli de que ha pillado un bus y seguro que llega a Champex. Aprovechando que me pasa un corredor me animo de nuevo a correr detrás de él. Lleva un buen timo y me siento cómodo detrás. Durante un rato comenzamos a adelantar de nuevo a corredores, la mayoría de ellos me había pasado desde La Fouly hasta aquí así que me pongo a pensar que no pierdo posición. La verdad es que no se cómo a estas alturas puedo pensar en esto. Supongo que por el subidón de que voy genial y que llevo mucho tiempo de menos a más.

Y después de lo bueno …

Llegando a Praz de Fort, un pequeño pueblo donde suele haber animación, veo que es un pueblo fantasma. No hay casi nadie en la calle y solo se nos ve a corredores por sus calles. Es una parte muy pestosa. En este punto comienzo a tener molestias en mi pierna izquierda. Tengo localizado la parte interior de la rodilla y la flexión del tobillo. Creo que es el primer momento complicado de la carrera. Mmm, a lo mejor no tenía que haber corrido tanto o haber seguido con la idea de dosificar de cara a la segunda noche.

La subida a Champex-Lac me viene genial porque de nuevo subida. Recupero las sensaciones de subir y de volver a sentirme rápido y adelantar a corredores. El GPS le queda poca batería y el silogismo que hago entre el GPS y mis piernas es eso, que estamos en las últimas y que necesitamos llegar a Champex.  La subida es infernal, muy pina y después de tener mucho terreno favorable mentalmente te cuesta mucho más. Tienes las referencias de una construcción muy grande que piensas que ya está a la altura del lago pero no es así.

Me quedo sin pila en el GPS. 25h26m le ha durado la batería con una pequeña carga en Courmayeur. Para los frikis de los tiempos y de los tracks es un bajón cuando te quedas sin referencias de tiempo. Calculé mal la carga y pensaba que llegaba a tiempo a Champex pero no ha sido así. Bueno, que todos los problemas sean estos, pensé en ese momento.

Última rampa antes del control y escucho un “churrriiiiiii”. Es Eli, ya estoy cerca, al momento me la encuentro al final de una cuesta, ya le voy avisando de que voy fastidiado de la pierna izquierda. Nos saludamos y quedamos para vernos en el avituallamiento.

Estamos en el kilómetro 127 y 25h40. Nada más entrar en la carpa me siento y me quito las zapatillas y calcetines. Respiro cuando veo que el tobillo está bien pero localizo un fuerte dolor en el inicio de la tibia justo donde flexiona el tobillo. Me cambio de calcetines y me pongo otros que me protegen el tobillo. Antes iba con unos muy finos pensados por si hacía bastante calor y que así no se me calentaran demasiado. Ahora llegará de nuevo la  noche y es mejor ir bien protegido, por lo que también me cambio de térmica, aunque mantengo de manga corta. Tampoco hace excesivo frio y mas cuando aún no es de noche cerrada.

Eli comienza a palpar la zona dolorida del pie. El dolor es horrible. Me aplica FisioRelax a ver si me ayuda a calentar un poco la zona y evita más dolor. Me levanto para traerme algo de comida y de bebida y ya veo que tengo serios problemas para tener una zancada normal. No quiero darle demasiada importancia, el ánimo aun estaba en la cresta de la ola y sabía que estaba haciendo la carrera de mi vida así que cualquier otro sentimiento lo negaba totalmente.

Estoy cerca de 50 minutos en el avituallamiento. Me alimentado bien, de nuevo con comida del avituallamiento, metiendo mucha fruta y también dulce y salado. Eli me comenta que esta conociendo a mucha gente, sobre todo a varias soportes que cada una viene con su historia y su corredor. Estoy tranquilo por ella porque de pensar que estaría aburriéndose, se lo esta pasando bien.

Ahora si, comienza el verdadero UTMB …

Salimos los dos del control y durante un rato vamos caminando por la orilla un lago. El lugar es increíblemente bonito y no hago más que decir… “estos Suizos que bien colocado lo tienen todo…”. Es el momento de despedirnos hasta el siguiente control en Trient. No quisimos forzar demasiado ir juntos porque es motivo de descalificación.

Me vuelvo a quedar solo y solo pienso en caminar durante un buen rato. El resto de corredores piensa más o menos lo mismo aunque algunos corren.  Este avituallamiento es el que más abandonos suele tener, porque la gente viene ya muy tostada y solo de pensar que aún te quedan casi 50km y tres subidas, se hace duro para la cabeza.

En el falso llano que hay hasta Plan de l’Au da para probar el estado actual de las patas. Hay subida, hay bajada entre raíces y también pista para poder correr. Mantengo mi manía de correr si puedo y eso hago, aunque también me doy cuenta que cada vez aguanto menos corriendo.

Pasado el refugio de Plan d l’Au comienza la subida de verdad, primero por pista y luego ya por camino estrecho. Es momento de encender el frontal y afrontar la segunda noche. Me encuentro bien, puedo seguir subiendo y la misma historia que en el resto de subidas, sigo adelantando a corredores. Esta subida la recordaba divertida, con algunas zonas más técnicas y con cruces de arroyos. Se hace un giro hacia la derecha y comienzo a ver luces de frontales en zonas más altas y así hacerte una idea de hasta donde hay que subir. Sigo elevando la mirada y veo otras luces que por un momento pienso que no recordaba la subida tan larga… al rato veo que es la Osa Mayor.. Me rio yo solo y ya me doy cuenta que el sueño me pasa factura.

Se llega a Bovine, final de la subida, pero que aún queda el control 2km más abajo. Aquí ya toca bajar y me doy de frente con la realidad inmediata: No puedo bajar. El gesto de poner el pie izquierdo de apoyo, doblando la rodilla veo que me resulta muy doloroso. Es el momento crítico que no quería que pasara en ningún momento. Ahora si, estoy penando. Se acabo la mentalidad positiva que llevaba desde el principio y que se mantenía intacta incluso en Champex-Lac.

Estoy en el kilómetro 136 y aún 44 km hasta Chamonix. En ese momento me doy cuenta que comienza una carrera totalmente diferente y que tengo que apretar los dientes.

Los dos kilómetros que hay desde que comienzo a bajar hasta el control en La Giéte son horribles, pero peor es cuando entro en una cabaña donde te pasan el control por el dorsal y donde posiblemente Eli ya vea que el tiempo esperado se ha ido, diría que por primera vez en toda la carrera. Me siento en un banco, ya estaba haciendo frio fuera y aquí se está calentito. Rápidamente me saco un gel de Recovery y me lo tomo de golpe mezclado con agua. Me quedo parado durante dos minutos, bloqueado intentando buscar una explicación: ¿había forzado demasiado? ¿Me estaba pasando factura la torcedura del tobillo en el km 55?. ¿Será así toda la carrera? Buff.. Horrible!

Salgo de la cabaña, en la misma posición que en Champex-Lac, Llevo 29h08 y posiblemente se me ha ido una hora en bajar 2km.  Ahora solo pienso en llegar al siguiente punto de referencia: el Col de la Forclaz. La bajada se me hace eterna y para nada fácil. Son continuos saltos entre raíces de árboles. Casi que estoy pendiente de los corredores que vienen detrás para dejarles pasar y que no tengan problemas en esquivarme. Me resbalo de vez en cuando, voy totalmente fuera de la carrera y estoy en modo supervivencia total.

Escucho ruido y después luz. Estoy en el Col de la Forclaz. Ahora sé que tengo un kilómetro en llano y una bajada en forma de zetas hasta Trient. Mentalmente se que lo que me queda y lo único que tengo en cabeza es llegar cuanto antes pero ya con las limitaciones que conlleva confiar en la pierna izquierda. En ese momento pienso en el después, en que opciones tengo de poder seguir y me obligo a comer un poco más y así tomarme un anti inflamatorio.

El resto de bajada sigue siendo horrible y me siguen pasando corredores, que aun pueden correr. Antes de cruzar la carretera por un paso inferior intento correr. Veo que aún puedo sin levantar mucho la rodilla. Necesito llegar con un atisbo de esperanza al control.

Houston, tenemos un problema …

Control de Trient. Kilómetro 143. Posición 533. Ya he perdido posiciones desde La Giéte y lo peor de todo, mentalmente estoy derrotado. Llevaba 30h26 minutos.

Antes de llegar a la carpa, me ve Eli y me comenta lo que ya sabe “Vas jodido, no?” . Solo con ver lo que había tardado podía intuir que estaba penando en la bajada. Me meto en la carpa y me siento. Lo primero que hago es quitarme las compresivas que en Champex lo vi como una posible solución pero nada de nada. Aquí es cuando la labor del soporte, la de Eli, es lo que hace que la carrera la acaben los dos. Por momentos como este donde ella es la que mantiene la ilusión y las ganas. Estaba contenta por lo bien que se lo estaba pasando y que además había coincido con más personas en el mismo plan. Su alegría y sus comentarios positivos me mantenían con la ilusión de continuar.

“Le he dicho a Chiqui que vas muy jodido y quiere hablar contigo”. Le niego con la cabeza, no estoy para nadie, solo quiero hacer algo tan sencillo como tomarme una sopa caliente con fideos. La termino y me trae otra. No hago más que lamentarme. Sabía lo que quedaba aún y en una de estas le digo que vamos a seguir. Que no nos queda otra que intentarlo y que además voy a utilizar el comodín de las drogas. Raro es que me tome un anti inflamatorio pero era el momento…  Tenía el estomago lleno y sabia que no me podía hacer mucho más daño al estomago.

Por otro lado, Eli ya había preguntado donde estaba el puesto de socorro y me obligaba a ir. No podía decir que no, era la única opción que tenía en ese momento. Antes del control de salida estaba el puesto de socorro. Solo me dejaban entrar a mí y un chico que estaba en la puerta resulto que hablaba castellano, y fue el que me atendió.

El asistente de nombre Roman, fue de un trato exquisito. Le conté donde me dolía que opciones tenía para alargar el tiempo de vida de mi rodilla y el tobillo. Ambos coincidimos que en la rodilla tenia inflamado la pata de ganso y en el tobillo el tibial, no sé si el posterior o anterior, pero por ahí andaba. Me aplicó dos bandas de kinesiología para reforzar las zonas afectadas y con todo ello salgo del puesto de control.

Había escuchado un audio que Chiqui le envió a Eli y con el efecto placebo que estaba teniendo con el anti inflamatorio y las bandas habría recobrado el ánimo, que 20 minutos antes estaba hundido en la miseria.

Casi una hora después salgo de Trient. Me despido de Eli y nos deseamos suerte hasta Vallorcine. Ella tenía ahora que pillar el bus y esperarme allí, pasando mucho frio seguramente.

Luz al final del tunel ….

No me dolía nada en ese momento y podía pisar perfectamente. Magia pensé. Hablo con Chiqui y todo perfecto. Estábamos de nuevo en carrera. También les mando un audio al grupo del Club dándole las gracias por los ánimos. De nuevo subida y de nuevo vuelvo a sentirme corredor. Ahora toca 3km hasta Les Tseppes y donde de nuevo comienzo a adelantar a corredores. Parece que la pesadilla había pasado.

En Les Tspeppes marca las 2 de la mañana, posición 560  y km 146. Solo quedan 24km y además aún quedaba subida. Es de locos, prefería subir que bajar, lo nunca visto.

Llego de nuevo a otro momento crítico, la bajada a Vallorcine. Veo que de nuevo no puedo bajar. Ahora ya no me pilla por sorpresa y lo único que hago es cambiar el chip. Le había dicho a Eli que le diría si podía o no bajar, pero no podía pararme a sacar el móvil. Estaba haciendo mucho frio y además me faltaba una capa más intermedia. En la bajada al no poder hacerla a un buen ritmo paso mucho frio porque no genero calor. Estoy esperando a llegar a una zona más baja y protegida para pararme, abrigarme un poco más del frio y avisar a Eli de que voy penando y de que no sé lo que voy tardar en bajar.

El chip ya estaba cambiado desde hace tiempo y ahora por lo menos me lo tomaba con filosofía. El timing de llegar a las 40 horas dejó de preocuparme y de que si antes estaba haciendo la carrera de mi vida ahora estoy haciendo la carrera que podía suponer a estas alturas.

Voy tan rápido bajando que incluso un corredor se queda sin luz y me pide que me pare y que le alumbre y así cambiar las pilas. Ni las gracias que me dio. La verdad es que ni me importó porque durante toda la carrera casi todos los corredores vamos un poco a nuestra bola. El UTMB no es precisamente una carrera solidaria, y eso que en la previa a la carrera nos avisaban de que había que serlo. Yo al menos si lo estaba siendo.

Son las 3h53 de la mañana y paso el control en Vallorcine. De nuevo veo a Eli y pocas palabras son las que resumen ese momento. Es lo que hay y bajar no se puede. Ahora al menos tenemos la certeza de que voy a seguir, solo queda una subida y una bajada. Quedan 17km de penuria, de emoción y de que es el final a una  relación de amor-odio con esta carrera.

Había perdido 17 posiciones desde Les Tseppes y casi dos horas en bajar 7km. Me tomo otra sopa en el avituallamiento, para ver si entro en calor y suavizo un poco el fuerte dolor de garganta que tengo, además de tener la boca ya destrozada de tanto comer. Hace frio en el avituallamiento y además Eli llevaba pasando frio mucho tiempo.

El rato que estamos sentados hay un corredor al lado que nos dice que le avisemos en 5 minutos, que necesita cerrar los ojos. Casi sin terminar la frase se le cae la cabeza entre sus brazos y se duerme. Luego más tarde nos enteramos que la organización estuvo haciendo pruebas a algunos corredores. Les pedía hacer una serie de ejercicios, para luego dormir 15 minutos y después repetir esos mismos ejercicios. De ese modo comprobar si con solo dormir 15 minutos, el cuerpo recupera sin necesidad de dormir mucho más.

Dolor y gloria …

Salgo del último avituallamiento. La próxima vez que vería a Eli sería en la meta de Chamonix. Sigue haciendo mucho frio y salgo tiritando. La primera vez que me pongo los guantes y casi por la tiritona tenía que agarrar los bastones con fuerza porque se me caían. Si durante toda la carrera había esquivado el sueño ahora me llegaba de golpe.

Son 4km y 200metros de desnivel positivo hasta el Col des Montets. Distancia suficiente para disfrutar de un momento de ida de olla sin precedentes. El sueño que tenía lo dejo estar, no hago nada por eliminarlo y lo único que me preocupo es de seguir una luz roja de algún corredor que va delante. Voy cojeando e intento hacer todo lo posible porque esa luz no se aleje. De vez en cuando me asusto de los arboles que voy dejando a los lados, pensando que son personas que me están mirando y cuando levanto la mirada me imagino un teatro, justo en el momento de abrir el telón y sin ver aún a los actores en el escenario. Va todo muy lento y se repite continuamente lo mismo, árboles que me asustan y una realidad un tanto engañosa. Soy consciente de lo que pasa pero no puedo hacer nada por remediarlo, además de que recuerdo que pensaba cosas muy raras e inconexas.

Llegados al Col de Montets, me fio de los corredores y ni miro balizas ni nada.. solo estaba deseando cruzar la carretera y encarar las rampas de la última subida: Tete Aux Vents.

Son 4km de subida, quizás la más empinada de todas, donde salvas un desnivel de 700 metros. Y para colmo nada de pista o camino fácil. Había que subir algún escalón y porque no, también trepar por zonas rocosas. Rápidamente me doy cuenta que ya ni puedo subir, aún se que físicamente me encuentro bien, para los kilómetros que llevamos y eso me salva de no penar del todo. Me espabilo un poco y me pongo a adelantar a gente, voy fastidiado pero veo que hay gente que va mucho peor.

Cada paso que doy respiro profundo, tengo tanto dolor en el tobillo y en la pata de ganso que en ocasiones me paro simplemente para descansar del dolor. Es mi único compañero en ese momento y trato de hacerme amigo de él jugando al escondite. Intento subir de lado, primero con una pierna y luego con la otra, luego cambio de orden, intento subir de frente, de espalda, el dolor estaba ahí, en cada paso. En ocasiones me tenía que coger la pierna por la rodilla y subirla porque era incapaz de hacer el movimiento por sí misma. Luego pienso, ¿y porque no me he tomado otro anti inflamatorio? Pues porque no tengo esa costumbre. Quizás en este punto me hubiera ayudado bastante pero me lo dejé en la mochila que llevaba Eli.

En este tramo me quedo con tres pensamientos.

El primero de ellos el espectacular amanecer que me estaba regalando la montaña a la que había rodeado durante dos días. Los primeros rayos de sol al mismísimo Mont Blanc, y los siguientes al resto de cumbres que la rodeaban. Aún quedaba tiempo para que esos rayos me dieran directamente a mí y dejar de pasar frio.

El segundo pensamiento ya estaba en meta, en Eli, en la mujer más maravillosa con la que me he topado en la vida, sin contar a mi madre, naturalmente. Estaba deseando verla en meta, disfrutando del momento de cruzar el arco y darle un enorme beso. Está claro que esta carrera la corríamos los dos y que debía llegar a Chamonix por ambos, por todo el esfuerzo y sacrificio puesto en ella.

El tercer pensamiento ya era lo puramente material, el chaleco de finisher. Una prenda que es más un símbolo que otra cosa…

Llegamos a Tete Aux Vents, un mirador de todo el macizo del Mont Blanc. Se acabo lo de subir en el UTMB. Son las 7 de la mañana y ya estaba por encima de la posición 600. Lo dicho, en ese momento estaba solo pensando en llegar. Quedaban aun 3km hasta La Flégère, el último control, de más bien pena que de gloria.

En este tramo el terreno es técnico, aquí no se regala ni un metro. Es tremenda esta carrera, que dura es y la verdad que me ha sorprendido muchísimo. Solo voy pensando en llegar, el dolor sigue ahí pero casi que consigo ignorarlo. La última rampa antes de la Flegere la veo como una alfombra mágica porque ya después de eso estaba ya convencido de que iba a llegar, rodando o a cuatro patas, pero llegar ya llegaba.

Recta final y que final …

Kilómetro 165. Quedan aún 7km para meta. Son las 8h16 y ya me está dando un sol de justicia. El último control y que sigo con mi hábito de beber siempre. La gente ya está contenta y eso que aún no hemos llegado. A mi incluso se me escapa una sonrisa. Me veo Finisher, a pesar de toda la bajada en penuria que me espera, pero es lo de menos. Me pongo a pensar en la hora y en los tiempos y veo que si bajo un poco más rápido quizás incluso podía bajar de las 40 horas, el tiempo estimado, pero la verdad que me importaba más bien poco.

Me siguen pasando corredores, todos ya corriendo. Alguno menos cojo que yo me adelanta pero tardo en perderle de vista. Qué lástima terminar así, pero si al principio de carrera me dicen que iba a estar en esta situación, posiblemente lo hubiera firmado. Hablo con Eli y me dice que donde quedamos, le digo que voy a intentar correr, que el final de carrera se merece un final digno, de corredor.

Comienzo a probar a trotar, el dolor es inmenso pero ya me da igual. Tengo en el GPS la altura y así se lo que me queda en desnivel. Lo tuve que cargar dos veces y el tiempo en carrera no es el total así que poca referencia tengo en cuanto a los kilómetros que me restan.

Ahora sí, llego a Chamonix, pero aun queda lo mejor, los 2km que se hacen antes de llegar al lugar donde se inició esta locura. Antes, hay que cruzar una carretera y para ello ponen un puente metálico que casi te hace subir dos plantas para luego bajarlas.. no se qué sentido tiene, pero lo haces… Además las veces que lo he visto siempre había soñado en cruzarle en semejante situación.

Cuando llego a la zona con más gente, me encuentro a Eli, me grita que siga que me graba mi triunfal llegada. Estoy emocionado. No tengo ni fuerzas de hablar.. solo de intentar no venirme completamente debajo de la emoción. La gente me anima, me grita, yo les doy las gracias con mi mirada de persona alegre pero cansada. De haber vivido una de las mayores experiencias de mi vida, de disfrutar y de sufrir una carrera que desde que tuve conciencia de su existencia la tenía en el punto de mira.

Me quedan 10 metros y levanto el brazo, indicando el cielo con el índice de mi mano derecha. Me acuerdo de los que están arriba, empujándome siempre en los peores momentos.

Cruzo el arco de meta. No me lo creo. Me abrazo con Eli y después nos besamos. Le grito “Somos finishers”. Ahora si! Después de 171km y de 40h  29m y 56 segundos ya he completado uno de los mayores sueños que puede tener cualquier corredor de montaña, cualquier montañero o cualquier persona que sueña con lograr retos que en su día se pensaron inalcanzables.

Toda la emotividad que supone llegar a meta no se puedo comparar con nada, quizás con otra meta en la misma situación, pero aún así es imposible. Si recordaré que pasado un par de minutos de mi momento de la gloria me llamaron del control médico. No me toca la lotería pero si pasar el control no sé si antidopping, pero me tomaron muestras de la garganta y de sangre, en principio para que tengan datos sobre cómo se queda el cuerpo humano ante semejante salvajada.

Después de esto, nos acercamos a recoger el chaleco, y justo al lado a un avituallamiento preparado para los que llegan a meta. Poco más de lo mismo. Me esperaba algo diferente pero aún ahí no sorprendieron. La verdad es que me daba igual.

El estado mental que tienes en ese momento es de calma total. Estas muy cansado, agotado mentalmente. Esta muy feliz. ¿Ha merecido la pena tanto esfuerzo? Pues creo que sí. Siempre será un momento para el recuerdo. Acabar carreras es de las cosas más bonitas que hay, sobre todo cuando tiene mucho significado personal. Ha sido mucho tiempo con una espina clavada, ha sido mucho tiempo recordar que el UTMB me ganó la partida. Tiempo para merecerme una revancha y en este caso acabar en paz.

Físicamente, como es lógico terminas destrozado, aunque lo peor ha sido la penuria arrastrada por los problemas en la pierna izquierda. Terminé sin poder mover el tobillo, y sin apenas levantar la rodilla. Está claro que la torcedura de tobillo que tuve pudo haber desencadenado lo que luego fue mi lastre, pero no sé.

Y poco más. El UTMB es esto y algo más que quizás se me ha pasado por alto. Hay infinidad de detalles, de momentos, de paisajes, de diferentes estados de ánimo, de anécdotas, como en todas las carreras, pero que cuando las disfrutas en un sueño, la intensidad con la que las recuerdas son mucho mayores.

La historia podía haber sido diferente, con un abandono como hace tres años o con una carrera sin contratiempos, que quizás no te haga valorar demasiado los 171km de esta locura. Pero esta ha sido mi carrera. La que siempre recordaré y de la que me sentiré muy orgulloso de haber contado.

Los agradecimientos se quedan cortos…

El primero de ellos sin lugar a dudas se lo debo a mi supporter, a mi gran alidada en la carrera, a esa persona de la que recibí los primeros ánimos, la que me vio disfrutar y me vio llorar, a la que también es mi mujer y que algún día espero me perdone si la hice sufrir. La que ha tenido que aguantarme durante mucho tiempo, en preparar esta carrera por dos ocasiones, en mis ausencias para poder entrenar, en mi obsesión por no dejar cabos sueltos, en haber sido testigo de mi abandono en el 2018, pero que espero haberla recompensado con una emotiva llegada a meta de ambos.

Para estas locuras al final debes contar con un guía, el que te dice la verdad sobre el esfuerzo y el sacrificio que se debe hacer si se pretende afrontar este reto con locuras. A mi entrenador y amigo. Al pelirrojo cansino que no hacía más que decir que no dejara pasar los entrenos de fuerza. Que todo suma y que es la base. Qué razón tenías Chiqui!!. Pues no nos quedan batallas por luchar todavía, eh??

Y por último a la familia de Personal Running. Del apoyo y el ánimo que he recibido antes y durante la carrera. Ellos también acabaron la carrera y debe sentirse también finishers. Cuanto tiempo me han tenido que aguantar hablando de esta carrera. De lo coñazo que debe resultar escuchar a un tío hablar casi siempre de lo mismo. Pues bien, seguiré haciéndolo porque me encanta la montaña, tanto si es corriendo como caminando. Es una pasión que tengo y me encanta compartir con quien la respeta, porque si es así la montaña también te respetará.

Ahora toca descansar y pensar en el futuro, pero ya de otra forma.

Cuando cumples un sueño lo siguiente es tener otro lo antes posible.

Gracias a todos!

#thisispr

5 comentarios en “El UTMB contado por un mortal, Manolo Gutierrez. Una maravillosa historia real”

  1. Manolo y Eli, gracias por compartir estos momentos; para mi sois unos SUPERHÉROES y cada día me alegro más, especialmente a ti Manolo, de haberte conocido. Mil gracias ❤️

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *